RestauraciónPuesta en Valor

“Una capa, un par de calzones, un jabón y un coleto con canutillo de oro”

Restauración del peristilo del Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires.

Sebastian Pacheco

Por: Sebastian Pacheco

sebastian.pach@yahoo.com

21 de abril de 2026

“Una capa, un par de calzones, un jabón y un coleto con canutillo de oro”

Fachada del Cementerio de la Recoleta. Foto de Guadalupe Alonso, 2025

Tras la fundación de Buenos Aires, llevada a cabo por Juan de Garay en 1580, se puso inmediatamente en marcha el típico mecanismo de ocupación colonial: el reparto de tierras y parcelas entre los “vecinos fundadores” y los oficiales de la expedición conquistadora.

El capitán Rodrigo Ortiz de Zárate, debido a su alta jerarquía militar, recibió amplias extensiones de tierra otorgadas por Garay, encargado del reparto general. En 1604, su hijo, Juan Ortiz de Zárate, vendió una porción de esas tierras al capitán Francisco de Beaumont y Navarra mediante una transacción en especie —bienes muebles como ropa y utensilios de uso personal—, práctica relativamente común en contextos de escasez, aislamiento colonial y bajo valor percibido de la 

tierra en ese momento. De este modo, por primera vez en la historia argentina se registra en un documento de la época un hecho que marca el inicio del mercado privado de tierras en la región, aunque se tratara de un trueque: terrenos a cambio de un traje completo, es decir, “una capa, un par de calzones, un jabón, etc.”. Este episodio se inscribe en el contexto de la apropiación de tierras originarias, en el mismo sitio donde hoy se emplaza el Cementerio de la Recoleta.

Tras varios años y sucesivos cambios de propiedad, la porción más elevada de la chacra fue cedida a Juan de Narbona, empresario constructor español, para la edificación de un templo y un convento destinados a los frailes recoletos. En 1717, mediante una cédula real del rey de España, a los religiosos se les permitió establecerse en América, con la condición “que encontraran un alma caritativa que costeara la obra que hiciesen.”

Narbona, en calidad de donante, solicitó que la iglesia a erigir llevara el nombre de la Virgen de su devoción: la Virgen del Pilar de Zaragoza.

Los frailes recoletos preferían establecerse en zonas apartadas de los centros urbanos, dado que su vida se basaba en la oración y el trabajo; por ello, la chacra de los Ombúes resultaba un sitio extramuros ideal. Sin embargo, estas áreas de la antigua Buenos Aires eran intransitables y solían estar frecuentadas por malvivientes, ladrones y malandrines que se reunían en las pulperías comerciando objetos robados, bebiendo y matando en duelos a cuchillo.

En 1822, el gobernador Martín Rodríguez y su ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia, expulsaron a los frailes de la Recolección y expropiaron sus bienes. La iglesia permaneció cerrada durante varios años y, en la antigua huerta, se creó el Cementerio de la Recoleta.

El brigadier Martín Rodríguez, quien fuera también fundador de la ciudad de Tandil, inauguró el 17 de noviembre de 1822

el Cementerio del Norte, el primero público de la ciudad. El primer cuerpo inhumado fue el de Juan Benito, un “párvulo liberto”, hijo de esclavos. Durante casi medio siglo, los habitantes de Buenos Aires fueron sepultados en la Recoleta, independientemente de su clase social.

El crecimiento demográfico, impulsado por las corrientes inmigratorias, y las crisis sanitarias — como la epidemia de fiebre amarilla de 1871— hizo necesaria la ampliación del cementerio y la creación de nuevas necrópolis. Así surgieron el Cementerio de Flores (1832), el Cementerio del Oeste (Chacarita, 1866) y el Cementerio del Sud (1867).

En cuanto al Cementerio de la Recoleta, en 1881 el arquitecto Juan Antonio Buschiazzo fue encargado de su remodelación. El predio fue rodeado por un muro de ladrillos, se pavimentaron sus calles y se construyó una imponente entrada —el peristilo— en estilo arquitectónico neogriego, derivación del tardío neoclásico.

A partir de este momento se inicia un proceso de monumentalización, caracterizado por la riqueza arquitectónica de sus bóvedas, hoy consideradas de alto valor patrimonial por su relevancia artística e histórica. En este desarrollo desempeñaron un papel fundamental las maestranzas inmigrantes, especialmente las italianas, que aportaron una notable calidad escultórica. 

Con el paso del tiempo comenzaron a manifestarse problemáticas típicas de conservación, tales como humedad ascendente, fisuración estructural, oxidación de elementos metálicos, colonización biológica y deterioro de mármoles y morteros. 

En el presente escrito se detalla el trabajo realizado por la restauradora y conservadora Isabel Contreras y su equipo, en el peristilo de ingreso. Durante el año 2025 se llevaron a cabo tareas de conservación y restauración orientadas a tres objetivos principales: recuperar la integridad material, detener los procesos de deterioro y restituir la correcta lectura formal del conjunto. 

Relevamiento y diagnóstico inicial

Se realizó una inspección general de patologías en muros, columnas, cornisas, pilastras, entablamento y elementos ornamentales. Se identificaron ennegrecimientos por contaminación urbana, múltiples capas de pintura con desagregación del revoque símil piedra subyacente, grietas y fisuras en el frontón y voladizo, humedad ascendente capilar, corrosión de elementos metálicos y colonización biológica (plantas y helechos). 

Se efectuaron estudios de sales y humedad, cateos estratigráficos y extracción de muestras de morteros para su análisis en laboratorio, con el fin de determinar su composición cromática y granulométrica. Asimismo, se realizaron análisis por difracción de rayos X (DRX) con cuantificación de fases cristalinas mediante el método Rietveld. 

El relevamiento fue acompañado por un registro fotográfico y planimétrico integral.

Cateos estratigráficos

La diferenciación cromática hallada en los estratos  permitió identificar y discriminar las distintas etapas históricas de intervención espuria. En este marco, se elaboró un mapa cromático acompañado de una secuencia cronológica, en el cual se registran y sistematizan las variaciones cromáticas verificadas, permitiendo situar y comprender los cambios ocurridos a lo largo del tiempo.

Estratigrafia Cateo estratigráfico con las 12 capas de pinturas expuestas. Foto de Guadalupe Alonso, 2025

Se deja constancia de las películas cromáticas preexistentes, numeradas, en dos cateos ubicados en dos columnas en el interior del peristilo y una tercera en la superficie de una de las pilastras exteriores.

Limpieza y remoción de intervenciones inadecuadas

Los depósitos superficiales y costras fueron eliminados mediante métodos mecánicos y químicos controlados, incluyendo limpieza manual y nebulización con agua. Se retiraron revoques cementicios incompatibles y se efectuó la limpieza puntual de elementos pétreos, como los copones de mármol de Carrara ubicados en los cuatro extremos de la cubierta.

Se procedió a la remoción total de las capas de pintura del peristilo —doce en total según los estudios estratigráficos— dejando los soportes en condiciones para su tratamiento posterior. Se documentaron las secuencias cromáticas mediante cateos en columnas interiores y pilastras exteriores.

Criterios de intervención y diferenciación histórica

De acuerdo con los lineamientos establecidos por las normativas internacionales de conservación, se aplicó el principio de legibilidad con el objetivo de posibilitar la identificación de las distintas etapas constructivas del conjunto.

En este sentido, en los sectores correspondientes a la fábrica más antigua se reprodujo el revestimiento símil piedra mediante la técnica de aplicación con fieltro, obteniéndose una terminación de carácter homogéneo y continuo. Por su parte, en las áreas vinculadas a la intervención del arquitecto Juan Antonio Buschiazzo, se emplearon fratachos de madera, lo que permitió generar una textura de mayor rugosidad, acorde a las características materiales y técnicas propias de dicha etapa.

Este criterio se adoptó garantizando la legibilidad estratigráfica del bien, sin comprometer su unidad visual ni incurrir en la generación de falsos históricos.

Consolidación y preparación de superficies

Se aplicaron consolidantes minerales en zonas con pérdida de cohesión, se corrigieron grietas y fisuras y se prepararon los soportes mediante la aplicación de puentes de adherencia. Los faltantes se completaron con morteros a la cal y se mejoraron las buñas en sillares y pilastras, recuperando su trazo original. 

Reposición de morteros y restitución de elementos

Se formularon morteros compatibles en base  a cal aérea y áridos seleccionados según granulometría y tonalidad requerida, integrados cromáticamente mediante pátinas minerales. Se reconstruyeron molduras, inscripciones, pilastras, juntas, buñas y ornamentos deteriorados. 

Se llevó a cabo la reconstrucción de ocho modillones en estado crítico de la fachada de acceso, restituyendo su estabilidad estructural y lectura formal. Las líneas de metopas, afectadas por grietas debido a la oxidación de sus varillas internas fueron estabilizadas por medio de inyecciones con un  material consolidante y posteriormente  restituido su diseño faltante con el mortero compatible. 

Los modillones del frontis presentaban alteraciones formales severas por intervenciones previas y procesos de deterioro. Se procedió a su reconstrucción integral mediante moldes tomados de piezas en mejor estado, empleando núcleos aligerados, refuerzos y sistemas de anclaje protegidos contra la corrosión. 

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Estado en los que se hallaron los modillones antes de ser removidas sus capas de pintura. Foto de Guadalupe Alonso, 2025.

Tratamiento final y protección

Se completó la restauración exterior del peristilo mediante la aplicación de hidrorepelentes y sistemas Antigraffiti. Se intervinieron los solados y la escalinata de mármol de Carrara, así como la carpintería de madera de los portones y herrería histórica. 

Asimismo, se restauraron y consolidaron las fisuras del casetonado del cielorraso, yesería en faltantes, fijación y aplicación de pintura. Finalmente, se elaboró un manual de mantenimiento que establece pautas de conservación preventiva, periodicidad de controles, criterios de limpieza y recomendaciones para futuras intervenciones. 

La totalidad de la intervención fue registrada mediante documentación técnica sistemática y relevamiento fotográfico, garantizando la trazabilidad de los procedimientos ejecutados y el respaldo documental de cada una de las etapas de trabajo.


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El método Rietveld es una técnica avanzada de análisis de difracción de rayos X (DRX) o neutrones en muestras de polvo, utilizada para caracterizar y cuantificar fases cristalinas, estructura atómica, tamaño de cristalito y micro deformaciones. Fue desarrollado por Hugo Rietveld en la década de 1960. En resumen, el método Rietveld en la restauración proporciona un análisis cualitativo y cuantitativo preciso de materiales complejos, siendo fundamental para la caracterización detallada de materiales no cristalinos y cristalinos en objetos del patrimonio cultural.

Fachada Voladizo Recoleta Cornisa

Desprendimientos y deterioro de la mampostería en la cornisa del entablamiento. Foto de Guadalupe Alonso, 2025.

Referencias:

“Itinerario histórico de Recoleta: arte y leyenda” Elba Villafañe Bombal. Cuadernos de Buenos Aires n.52, 1978.

“Las mil y una curiosidades del Cementerio de Recoleta” Diego Zigiotto. Paperback, 2009.

“Guía de Angeles” Omar Lopez Mato. Grijalbo, 2004.

Las obras de restauración del peristilo del cementerio de la Recoleta se llevaron a cabo por la  empresa SES S.A. Construcción + Servicios y la empresa subcontratista de restauración a cargo de Isabel Contreras junto a su equipo: Arq. Delfina Apaolaza, Rest. Teresa Romano, Bioq. Marcela Cedrola, Rest. Juan Griffiths y el equipo de ayudantes. 

La supervisión técnica fue llevada a cabo por el Lic. Míguel Crespo por parte del Cementerio, y seguimiento de obras por inspectores de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos y por el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Se agradece el aporte de la información técnica por parte de la Restauradora Isabel Contreras para la realización de esta nota. 




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